Idea central
Resolver es dar con una salida, una respuesta o una forma eficaz de cerrar algo pendiente. Puede aplicarse a problemas, dudas, conflictos, ejercicios, trámites o decisiones. Por eso su oposición no se agota en un solo verbo. A veces lo contrario es complicar, porque algo se vuelve más difícil. Otras veces es agravar, si el estado empeora; enredar, si se pierde claridad; o bloquear, si ya no se puede avanzar. El eje de oposición está entre destrabar y obstaculizar, entre aclarar y volver más problemático.
Qué se opone de verdad en resolver
El núcleo de resolver no es solo terminar algo, sino encontrar una salida que ordena, aclara o destraba. Por eso el contraste cambia según el efecto opuesto. Si el asunto suma obstáculos, el mejor contrario será complicar. Si empeora, agravar. Si confunde, enredar. Si corta toda posibilidad de seguir, bloquear. Elegir uno u otro modifica bastante el sentido final de la frase.
No todos los contrarios empujan en la misma dirección
En el uso frecuente, complicar suele ser la salida más natural, pero no siempre es la más fina. La diferencia se nota cuando comparás qué clase de daño produce cada verbo.
Complicar funciona muy bien como oposición general porque muestra que resolver dejó de ser posible de manera simple. Sirve en frases como complicó el trámite o complicó la discusión. Es el primer recurso cuando querés marcar dificultad sin cargar demasiado la idea.
Agravar entra mejor cuando el problema empeora en intensidad o consecuencias. Decir que una medida agravó el conflicto no equivale a decir que lo complicó: en el segundo caso cuesta más manejarlo; en el primero, además, la situación quedó peor. Esa diferencia pesa mucho en contextos sensibles.
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